Artículo

Ayudando a las vacas a encontrar más tiempo para rumiar

Ing. Joel H. Velasco Molina

Profesor Emérito del Tec de Monterrey – Asesor Técnico de GEMEX

Por Andrea Bedford

5 de agosto de 2026, 10:17 a. m.

Cuando pensamos en el tamaño de partícula del forraje, la conversación suele centrarse en la fibra efectiva, el llenado ruminal y los componentes de la leche. El Dr. Rick Grant, presidente del Miner Institute, considera que el sector podría estar planteando la pregunta equivocada.

En lugar de centrarse únicamente en si una ración estimula la masticación suficiente, Grant sostiene que deberíamos considerar cómo el procesamiento del forraje condiciona la forma en que las vacas pasan el día. Cada minuto adicional dedicado a comer es tiempo que no se dedica al descanso ni a la rumia, dos comportamientos cada vez más reconocidos como fundamentales para la salud ruminal, el bienestar y la productividad.

Durante su intervención en el ciclo de conferencias *Real Science* de Balchem, Grant presentó lo que denomina «manejo de precisión de la masticación», describiéndola como «satisfacer con precisión sus necesidades en cuanto a los tres comportamientos principales: comer, descansar y rumiar».

Este concepto desplaza el foco de atención: ya no se trata solo del tamaño de partícula del forraje, sino de la distribución del tiempo diario de la vaca. Si la alimentación se vuelve más eficiente, las vacas disponen de más tiempo para descansar y rumiar. Si comer consume demasiado tiempo, esas horas deben restarse de otras actividades.

Un rumen sano empieza por la posición de descanso

La rumia se reconoce desde hace tiempo como un indicador de la función ruminal, pero la postura puede ser tan importante como la duración.

Según Grant, «en un mundo ideal para la vaca, más del 80 % de la rumia debería producirse mientras está acostada».

Esta recomendación va más allá de la comodidad del animal. Al permanecer en decúbito esternal (acostadas sobre el esternón), las vacas producen más saliva durante la rumia, lo que ayuda a amortiguar el pH del contenido ruminal y permite, al mismo tiempo, el descanso fisiológico asociado a este comportamiento.

La rumia en posición acostada también se ha relacionado con una mejor salud ruminal y una mayor producción. Se ha observado que las vacas que pasan más tiempo rumiando acostadas mantienen un pH ruminal más elevado, consumen más materia seca y producen leche con mayores porcentajes de grasa y proteína. En estudios no publicados del Miner Institute, la rumia en posición acostada muestra la correlación conductual más fuerte con el contenido de grasa en la leche.

Las implicaciones van mucho más allá de la nutrición. La cojera, el hacinamiento, la falta de confort en los alojamientos y el estrés térmico, reducen las oportunidades de las vacas para acostarse, lo que potencialmente influye en uno de los comportamientos más estrechamente relacionados con la función ruminal.

Cuando el forraje tosco resta tiempo de descanso

 

Si el objetivo es lograr una rumia adecuada mientras la vaca está echada, la siguiente pregunta es si la formulación de la ración facilita o dificulta que las vacas alcancen esa meta.

Según Grant, a medida que aumenta la fibra físicamente efectiva, las vacas pasan mucho más tiempo comiendo. En investigaciones recientes, un aumento de aproximadamente 107 minutos diarios en el tiempo de ingestión, solo resultó en un incremento de unos 35 minutos en la rumia. El tiempo total de masticación aumentó más de dos horas, pero casi todo ese tiempo adicional se produjo a costa del descanso.

¿Por qué?

Como explica Grant: «La vaca pasa tiempo en el comedero reduciendo el tamaño de partícula de la ración antes de tragarla».

En otras palabras, un forraje excesivamente grueso, obliga a las vacas a realizar un trabajo que podría haberse hecho mecánicamente, antes de que el alimento llegara al comedero.

Un mayor tiempo de ingestión no se traduce necesariamente en una rumia más saludable. Por el contrario, una alimentación prolongada puede simplemente dejar menos horas disponibles para el descanso y la rumia en posición de decúbito (echada).

Grant sugiere que el comportamiento alimenticio es más eficiente, cuando las vacas consumen su ración diaria en un lapso de tres a cinco horas, aproximadamente. Más allá de ese punto, el tiempo adicional de ingestión empieza a competir con comportamientos que favorecen la salud ruminal y el bienestar general.

Recomendaciones de tratamiento del NWS

El tratamiento comienza con la eliminación de tantas larvas como sea posible de la herida. Sin embargo, las larvas extraídas no deben simplemente desecharse en el suelo; por el contrario, deben destruirse utilizando un producto insecticida aprobado para evitar su desarrollo posterior.

Una vez retiradas las larvas, el manejo de la herida debe proseguir según la gravedad de la lesión. Dependiendo del caso, el tratamiento puede incluir terapias tópicas, antibióticos sistémicos, medicamentos antiinflamatorios y medidas para controlar el dolor.

Es importante saber que una sola evaluación no es suficiente. Pueden quedar larvas ocultas en la profundidad de la herida y emerger tras el tratamiento inicial. Por ello, las heridas afectadas deben inspeccionarse a diario hasta que la cicatrización esté bien avanzada y no se observen más larvas.

La vigilancia no debe limitarse al animal afectado. Los productores deben examinar cuidadosamente al resto del rebaño en busca de otras heridas o infestaciones sospechosas. La identificación temprana de nuevos casos puede mejorar la respuesta y ayudar a limitar la propagación del parásito.

Las infestaciones por el gusano barrenador del Nuevo Mundo (NWS, por sus siglas en inglés) indican la presencia de moscas en la zona, más que una transmisión directa entre animales. Cualquier herida —incluyendo ombligos, zonas de castración, heridas de descornado, marcas y otras lesiones— puede resultar atractiva para la puesta de huevos y debe vigilarse atentamente.

El rumen comienza en el comedero

Una de las conclusiones más prácticas de Grant, es que las vacas generan naturalmente el tamaño de partícula que necesitan.

Las vacas reducen considerablemente el tamaño de las partículas de forraje durante la ingestión, produciendo partículas que, al ser tragadas, tienen un tamaño promedio de entre 8 y 12 milímetros, independientemente de la fuente de forraje.

«En realidad, al picar el forraje, intentamos imitar a la vaca», afirma Grant.

Esa filosofía respalda un enfoque más dinámico para el procesamiento del forraje. En lugar de depender de una longitud de corte teórica fija, Grant recomienda ajustar el tamaño del picado según la madurez del forraje, su contenido de humedad y las características de la fibra indigestible. A medida que aumenta el uNDF240 (la cantidad de fibra detergente neutra que permanece sin digerir tras 240 horas en el rumen de la vaca) debido a la madurez del forraje o a las condiciones de cultivo, un picado algo más fino puede mantener la eficiencia alimenticia sin perjudicar la rumia. Sin embargo, un picado excesivamente fino, puede acelerar la tasa de paso y reducir la rumia.

La alimentación de precisión se convierte en medicina preventiva

El manejo preciso de la masticación va, en última instancia, más allá de la nutrición.

Grant subraya que el tamaño de partícula del forraje, es solo un componente del sistema. Ni siquiera una ración bien balanceada, puede lograr el efecto deseado, si el hacinamiento, el acceso deficiente al comedero, los alojamientos incómodos o el estrés térmico, impiden que las vacas manifiesten sus comportamientos naturales de alimentación y descanso.

En resumen, los productores deberían «optimizar el tamaño de partícula del forraje desde la perspectiva de la vaca, ya que esa es la única perspectiva que importa».

Esa perspectiva también apunta hacia el futuro. Grant visualiza un manejo del forraje cada vez más dinámico, en la que la longitud de picado se ajuste según la madurez del forraje, el contenido de humedad y la fibra indigestible. Incluso sugiere que, algún día, la maquinaria de cosecha, podría ajustar automáticamente, la longitud teórica de corte a medida que cambien las características del cultivo.

El mensaje fundamental es que el comportamiento de masticación, podría merecer una mayor atención como indicador de la salud animal. Optimizar el tamaño de partícula del forraje, no se trata simplemente de procesar el alimento; se trata de ayudar a las vacas a dedicar menos tiempo a comer y más tiempo a estar acostadas, creando así las condiciones necesarias para favorecer un rumen más saludable.

¿Necesita cada becerra un galón de colostro?

No necesariamente

Ing. Joel H. Velasco Molina

Profesor Emérito del Tec de Monterrey

Asesor Técnico de GEMEX

Administrar calostro constante y de alta calidad a sus becerras es esencial para cualquier programa de manejo de becerras. (Land O'Lakes Animal Milk Solutions)

Durante años, alimentar con un galón de calostro (3.785 L) poco después del nacimiento se ha considerado el estándar de oro para el cuidado de las becerras. Es sencillo, fácil de recordar y sencillo para que los empleados lo sigan. Pero las becerras de hoy no todas son iguales. Con una mayor variación en el tamaño, algunos investigadores se preguntan si el mismo volumen tiene sentido para cada recién nacida.

Durante un reciente podcast titulado «Dairy Health Blackbelt», la Dra. Sabine Mann, profesora asociada en la Universidad de Cornell, revisó una investigación relacionada con esa recomendación de larga data.

«Una de las preguntas que me han hecho con frecuencia es, ¿por qué estamos dando a todos las becerras un galón de calostro?» dice. «Es una estrategia de manejo bastante extendida en EE. UU. Y si intentas profundizar en la literatura sobre por qué ocurrió eso, en realidad no hay mucha evidencia de que ese sea el mejor enfoque para todas las becerras.»

Señala que para una becerra promedio de 39 a 41 Kg. (85 a 90 libras), cuatro litros probablemente sean apropiados. Pero no todas las becerras entran en ese rango. Cuando los pesos al nacer varían, alimentar con el mismo volumen puede no coincidir siempre con lo que cada becerra individual realmente necesita.

Poner a prueba la regla del galón

Para analizar más de cerca la recomendación del galón, la Dra. Mann y su equipo, realizaron un estudio en una explotación lechera comercial, en colaboración con investigadores de la Universidad de Guelph.

Comenzaron lotificar el calostro para mantener la calidad constante entre las becerras. De cada lote, a cuatro becerras se les asignaron diferentes niveles de alimentación, en función de un porcentaje de su peso corporal.

«Hicimos un gran “pool de calostro”, y luego asignamos cuatro becerras a esa poza, y una recibió un 6%, otra un 8%, otra un 10% y otra un 12%, así que ese fue nuestro rango, del seis al doce», explica Mann.

Observación: “Un pool de calostro” se refiere al calostro recolectado de dos o más animales y combinado en un solo lote para alimentación o almacenamiento”.

En lugar de dar a cada becerra el mismo volumen fijo, el equipo ajustó la cantidad de calostro que recibió cada becerra, en relación con su tamaño.

La intención no era crear un sistema complicado que exigiera a los productores pesar cada becerra y calcular las dosis exactas.

«Esto no está pensado para que la gente pese cada una de las becerras  luego calcule los mililitros», dice Mann. ”Pero nos corresponde a nosotros entender si hay un efecto en la capacidad de la becerra para incorporar las IgGs a la circulación. Y si la hay, ¿cómo traduciríamos esto en recomendaciones prácticas para la granja?»

En última instancia, el estudio se centró en ver si alimentar diferentes cantidades basadas en el peso corporal, influiría en la capacidad de las becerras para absorber los anticuerpos que necesitan en las primeras etapas de la vida.

Más no siempre es mejor

El estudio analizó cómo diferentes volúmenes de calostro (en porcentaje del peso corporal) afectaban a la IgG en la sangre, la eficiencia de absorción, el vaciado estomacal y la comodidad de las becerras. Como era de esperar, los volúmenes más grandes dieron a las becerras más IgG total.

«Descubrimos que cuanto más volumen tenían dentro de cierta calidad de calostro, más IgG tenían en la sangre, lo cual tiene sentido, ¿no? Cuanto más das, más recibes», dice Mann.

Pero el beneficio se retardó en el volumen más alto, el 12% del peso corporal de la becerra.

«Hubo un retorno de la inversión decreciente, por así decirlo, con el aumento de los volúmenes», dice Mann. «Hubo un aumento pronunciado del 6% al 8% o al 10% del peso corporal, pero solo una mejora muy pequeña en la concentración de IgG en sangre al 12% del peso corporal.»

Esto ocurrió porque las becerras absorbieron una proporción menor de la IgG cuando se les alimentó en cantidades muy grandes.

«La proporción de IgG en el calostro que realmente aparece en la sangre estaba disminuyendo, lo que significa que cuanto más volumen se les pone, menos proporción puede absorber la becerra en ese período de tiempo.»

Cuando las becerras reciben una comida abundante, su estómago se vacía más lentamente, por lo que menos calostro llega al intestino, mientras el intestino sigue «abierto» a la absorción de IgG.

«Queríamos ver si diferentes volúmenes afectan, a cómo el estómago vacía el calostro en el intestino, y el momento es importante porque el intestino solo está abierto a la absorción de IgG durante un período limitado.»

Lo comparó con los humanos comiendo en exceso durante una comida navideña.

«Hacemos esto en Acción de Gracias y Navidad, y nos sentamos y nos duele la barriga, ¿verdad? Nuestros sistemas saben retardar la salida gástrica en esas situaciones, y eso es lo mismo que ocurre en las becerras.»

Comodidad y comportamiento de las becerras

Cuando se trata de determinar cuánto calostro necesita realmente una becerra, Mann describe el enfoque de «Ricitos de Oro» como la mejor opción.

«Creo que volvemos a un enfoque de Ricitos de Oro donde quieres tener suficiente, pero no tienes que dar demasiado», dice. «La cantidad justa es la más beneficiosa para la becerra.»

Según esta investigación, alrededor del 10% del peso corporal de una becerra es un objetivo sólido para una alimentación inicial. Esa cantidad proporciona suficientes inmunoglobulinas para apoyar la inmunidad sin saturar el estómago, y puede ajustarse para becerras más pequeñas o grandes.

Mann añade que, aunque el calostro está lleno de nutrimentos, los beneficios adicionales podrían ser mejores a través de varias tomas, en lugar de una sola comida muy grande.

«No hay que subestimar el valor nutritivo del calostro, pero también debemos tener en cuenta la comodidad de la becerra», dice. «Quizá sea mejor darle en tomas separadas. Muchas granjas han pasado a alimentar con calostro en segunda o incluso en tercera alimentación.»

El enfoque "Ricitos de Oro"

Cuando se trata de determinar cuánto calostro necesita realmente una becerra, Mann describe el enfoque de «Ricitos de Oro» como la mejor opción.

«Creo que volvemos a un enfoque de Ricitos de Oro donde quieres tener suficiente, pero no tienes que dar demasiado», dice. «La cantidad justa es la más beneficiosa para la becerra.»

Según esta investigación, alrededor del 10% del peso corporal de una becerra es un objetivo sólido para una alimentación inicial. Esa cantidad proporciona suficientes inmunoglobulinas para apoyar la inmunidad sin saturar el estómago, y puede ajustarse para becerras más pequeñas o grandes.

Mann añade que, aunque el calostro está lleno de nutrimentos, los beneficios adicionales podrían ser mejores a través de varias tomas, en lugar de una sola comida muy grande.

«No hay que subestimar el valor nutritivo del calostro, pero también debemos tener en cuenta la comodidad de la becerra», dice. «Quizá sea mejor darle en tomas separadas. Muchas granjas han pasado a alimentar con calostro en segunda o incluso en tercera alimentación.»

Conclusiones prácticas

Aunque el calostro es esencial para la salud de las becerras recién nacidas, Mann enfatiza que el objetivo no es alcanzar un volumen fijo, sino dar a las becerras el comienzo adecuado manteniéndolas cómodas. Ofrece los siguientes consejos para aplicar en la granja:

  1. Conozca el peso medio de la becerra al nacer de tu hato. «Un buen primer paso es conocer el peso medio al nacer de las becerras de su hato, ya que puede variar», dice Mann. «Cuando sepa eso, puede ajustar el volumen del calostro para que coincida con su becerra promedio.»
  2. Utilice un par de volúmenes estándar en lugar de un tamaño fijo, «Muchos hatos ahora usan dos volúmenes estándar, como tres litros y cuatro litros. Así, incluso sin báscula, puede mirar una becerra y decidir: esta no pesará más de 39 Kg (85 libras,) así que recibe la cantidad menor», dice.
  3. Considere la segunda o tercera alimentación con calostro. «En lugar de dar todo el calostro de una vez, puede ayudar dividirlo en dos o tres alimentaciones si su granja puede manejarlo», dice Mann. «Mucha gente ve beneficios en esto, aunque siempre podríamos necesitar un poco más de investigación para confirmarlo.»

Mejorar la salud de la cría comienza con una mejor nutrición preparto.

Ing. Agr. Joel H Velasco Molina

Asesor Técnico de GEMEX

Profesor Emérito del Tecnológico de Monterrey

Antes de que una becerra de su primer respiro, su futuro ya se está forjando.

Las investigaciones demuestran que la alimentación de una vaca y el estrés que experimenta durante la gestación, pueden tener un impacto duradero en el desarrollo de su becerra. 

Desde el crecimiento muscular y la acumulación de grasa, hasta la fortaleza inmunológica y la futura producción de leche, el entorno prenatal en el que se desarrolla una becerra juega un  papel importante en su salud a largo plazo.

Las decisiones nutricionales que tomamos para la madre no solo la afectan a ella, sino que impactan directamente en la becerra que gesta, afirma Billy Brown, especialista en extensión de la Universidad Estatal de Kansas. “Ahora entendemos que la alimentación y el manejo de las vacas durante la gestación, es una de las herramientas más poderosas que tenemos para influir en el rendimiento de la siguiente generación”.

Programando el Potencial de una becerra en el Útero

Brown señala una creciente evidencia que sugiere que el ambiente intrauterino, especialmente durante la mitad y el final de la gestación, desempeña un papel fundamental en la formación de sistemas clave del feto en desarrollo.


“A mitad de la gestación, el feto está formando tejido muscular. Luego, durante la última etapa de la gestación y las primeras etapas de la vida después del nacimiento, comienza la deposición de tejido adiposo”, explica Brown. “Por tanto, dependiendo de cuándo proporcionamos nutrición o experimentamos estrés ambiental, podemos influir en el desarrollo de esos tejidos”.


Señala que estos impactos en las primeras etapas de la vida pueden afectar el crecimiento, la eficiencia alimenticia, la resistencia a enfermedades e incluso la producción de leche en futuras lactancias. “Lo hemos observado claramente en el ganado vacuno para carne y también se está volviendo más evidente en las becerras lecheras”, afirma.

Nutrición que llega a la siguiente generación

Si bien no es ningún secreto que una buena alimentación de la vaca seca beneficia su salud y rendimiento, las investigaciones demuestran que ciertos nutrimentos, al final de la gestación, pueden beneficiar directamente a la becerra que lleva dentro.

La metionina es un excelente ejemplo", afirma Bethany Dado-Senn, especialista técnica en becerras y vaquillas de Vita Plus. Muchos productores ya suministran metionina con protección ruminal, para favorecer la síntesis de proteína láctea, el rendimiento reproductivo y el metabolismo general. Pero si la incluimos en la dieta de la vaca seca, sabemos que la becerra también se beneficia. Según Dado-Senn, las becerras nacidos de madres suplementadas con metionina, muestran un mejor crecimiento, eficiencia alimentaria y metabolismo energético. A nivel celular, también presentan un mejor desarrollo intestinal y metilación del ADN, lo que puede ayudarles a tolerar mejor las condiciones de estrés. “Por ejemplo, si una madre está expuesta a estrés térmico, pero también recibe metionina, es probable que su becerra tenga una mejor regulación térmica y un mejor crecimiento posnatal”, explica.

Añade que la colina protegida ruminal (CPR) ofrece beneficios casi idénticos. Si bien tradicionalmente se administra para mejorar el metabolismo de las vacas en transición y reducir el hígado graso, nuevas investigaciones demuestran que también podría beneficiar a la siguiente generación. “Observamos un mejor crecimiento de las becerras, una mayor eficiencia alimenticia y cambios en los metabolitos circulantes”, afirma Dado-Senn. “En un estudio, los becerros para carne nacidos de madres suplementadas con colina, tuvieron pesos al destete significativamente mayores”.

La CPR también podría afectar la producción de calostro.

“Un estudio descubrió que la colina protegida ruminal casi duplicó la producción de calostro”, señala. “Esto necesita mayor validación, pero todos sabemos la gran diferencia que pueden suponer uno o dos litros adicionales de calostro”.

Brown añade que, desde el punto de vista económico en la explotación, merece la pena analizar estos aditivos con más detalle. “En nuestra lechería de K-State, el RPC cuesta alrededor de 36 centavos (dólares) por vaca al día”, dice. “Lo alimentamos durante unas tres semanas antes del parto, lo que representa una inversión de aproximadamente 7.50 dólares. Y estamos observando no solo una mejor leche con corrección energética, sino también resultados interesantes en las becerras”.

También se están evaluando otras estrategias de ración para vacas secas, como la alimentación directa con microbios o el manejo de la diferencia de cationes y aniones en la dieta (DCAD), por sus beneficios materno-fetales. Por ejemplo, la alimentación prolongada con dietas con DCAD más negativas podría favorecer la programación metabólica temprana y un mejor crecimiento de las becerras.

Refrigeración y confort: Más que un beneficio para la vaca

El estrés ambiental durante la gestación también puede dejar una huella duradera. Si bien la mayoría de los productores de leche consideran el estrés por calor como una pérdida de leche, el impacto en la becerra nonata puede ser igual de perjudicial.

Las becerras nacidas de madres con estrés por calor suelen ser más pequeños, tienen sistemas inmunitarios menos desarrollados y les cuesta lograr la transferencia pasiva, afirma Brown. "Son más propensas a abandonar el hato prematuramente y, si llegan a la línea de ordeño, producen menos leche a lo largo de su vida.

Brown señala que una investigación de la Universidad de Wisconsin, dirigida por Jimena Laporta, descubrió que enfriar a las vacas secas puede añadir entre 2 y 6 kg de leche al día, durante las tres primeras lactancias de una hija. Además, esas hijas permanecieron en el hato casi 300 días más, en promedio.

Eso equivale prácticamente a una lactancia completa añadida con solo enfriar a la vaca seca, afirma Brown.

Estrés prenatal, impacto posnatal

La relación entre la salud de la madre y la resiliencia de las becerras se hace más evidente con cada estudio. Dado-Senn, afirma que un aumento de la inflamación o el estrés oxidativo en la madre durante el periparto, puede resultar en becerras con menor peso al nacer, mayores marcadores de estrés e inflamación, y un mayor riesgo de morbilidad o mortalidad.

Lo observamos en la investigación, pero también en las lecherías, afirma.

Las becerras nacidas de vacas en transición que presentaron problemas como mastitis, metritis o cetosis, tienen mayor probabilidad de ser tratados varias veces o de presentar casos graves de diarrea. Incluso cuando las vacas no muestran signos clínicos, la inflamación subclínica puede afectar a la becerra. Por ejemplo, las vacas que se secaron con un recuento alto de células somáticas (RCS), producen calostro con un RCS más alto y niveles más bajos de inmunoglobulina, pero los estudios sugieren que hay más en juego.

En un estudio, los investigadores alimentaron calostro de vacas con alto RCS a becerras no emparentadas y no observaron diferencias en las proteínas
séricas, explica Dado-Senn. Pero cuando las becerras nacieron de vacas con alto recuento de células somáticas (RCS), su capacidad para absorber inmunoglobulinas fue menor, incluso al ser alimentadas con calostro de buena calidad. Esto indica una señal biológica, una comunicación intrauterina, que ya está moldeando el sistema inmunitario de la becerra antes de nacer.

Evaluando la inversión

Si bien los datos siguen destacando la profunda influencia de la nutrición y el estrés maternos, Brown recuerda a los productores, que deben equilibrar la innovación con la economía.

Si nos basamos en el papel, muchas de estas prácticas, ya sea enfriar a las vacas o suplementar con metionina y colina, comienzan a parecer inversiones inteligentes a largo plazo, afirma. 

No solo son buenas para la vaca, sino también para la becerra y para la sostenibilidad del hato en general

Estrés por calor en vacas, vaquillas y becerras lecheras

Ing. Agr. Joel H Velasco Molina

Asesor Técnico de GEMEX

Profesor Emérito del Tecnológico de Monterrey

 

El Estrés Calórico podemos considerarlo como la suma de todos las causas internas (incremento calórico del alimento, producción de leche, movimiento, etc.) y externas (calor y humedad medioambiental, radiación solar, movimiento del aire, etc.) que inciden sobre el animal, y su afectación es superior (como aparece en el orden del intitulado) en las vacas en producción (máxime en las buenas productoras) que en la vaquillas y las becerras. Lo cual no significa, de modo alguno, que deba despreciarse el mitigar el Estrés por Calor, también, en las becerras y las vaquillas; estrés éste que es evidenciado en un menor crecimiento, más morbilidad y mortalidad, y en descenso de la fertilidad en las vaquillas.

¿Cómo darse cuenta de que una becerra y/o vaquilla padece Estrés Calórico?

1. Aumenta el consumo de agua

2. Reducción del consumo de alimentos.

3. Aparente letargias y pereza (disminuye su actividad).

4. Polipnea o jadeo: respiración acelerada, boca abierta, salivación excesiva.

5. Baja eficiencia reproductiva (se eleva el número de servicios por preñez).

6. Morbilidad y mortalidad más alta.

7. Ganancias de peso diario más bajas de lo normal.

8. Frecuente nacimiento de crías prematuras y/o de poco peso, en las vaquillas.

No obstante, para mi modo de ver, una manera concluyente y práctica de diagnóstico del problema del Estrés Calórico, es la de chequear por lo menos los criterios de normalidad sobre la temperatura corporal (rectal o vaginal) y la tasa respiratoria (número de respiraciones por minuto) de los animales.

Si un número representativo de becerras de menos de 1 mes y de más edad, consignan, en forma respectiva, más de 24 a 26 (las de 1 mes), y 30 o más (arriba del mes de edad) respiraciones por minuto; y, asimismo, una temperatura rectal mayor de 39° centígrados, deberemos aceptar que hay Estrés Calórico (a condición de que no se den signos de alguna enfermedad).

Para el caso de las vaquillas, habría indicios de Estrés por Calor en éstas, cuando las respiraciones por minuto y de temperatura corporal, fuesen de más de 80 y más de 39° C, respectivamente (a condición de que no se den signos de alguna enfermedad).

¿Cuáles estrategias poner en acción para amortiguar el estrés térmico en las becerra y vaquillas?

Las estrategias seguidas actualmente en las vacas en producción y en etapa de secas (vía de amortiguar el Estrés Calórico), giran en derredor de modificaciones físicas del ambiente, manejo alimento-nutricional, programación reproductiva, planes genéticos, etc. Y estaremos en acuerdo, lectoras y lectores, que algunas de estas estrategias en cuestión, pueden ser igualmente valiosas para las becerras y las vaquillas; más, en este caso, habrá de determinarse previamente el costo-beneficio para su implementación.  

Becerras neonatas y pre-destete

Evite la hipertermia (elevación de la temperatura rectal) en una cría recién nacida: ubíquela de inmediato en un lugar sombreado y fresco.

  • Orientación correcta de las becerreras (jaulas, iglús, cunas) para proveer el máximo de sombra en las horas pico de calor en el día.
  1. Preferentemente debe existir un espaciamiento entre las jaulas para permitir la adecuada circulación del aire (1.50 m. entre jaulas y 3 m. entre hileras de jaulas).
  2. La becerrera (jaula en piso) debe proporcionar 2.9 m2 por animal, tener cama de arena (limpia y seca), y suficiente techumbre pintado de blanco (pintura aislante de preferencia) en su parte superior para ayudar contra la radiación solar.
  3. La jaula debe contar con dos recipientes (tinas de buena capacidad) para agua y concentrado, y habrán de separarse de 50 a 60 cm entre ambos, para que el agua y/o el concentrado no se mezclen.
  4. Es por sumamente importante instalar una malla sombra, corrediza, en la zona de becerreras; el personal con menos incomodidad es más eficiente en sus labores, y las becerras contarán con un trato más amigable y un microclima más confortable.
  5. La instalación de ventiladores en el área de jaulas puede ser una práctica redituable.
  6. Cuando se utilizan iglús como becerreras, levantar la parte trasera de las becerreras (usando 2 bloques) es recomendable, para facilitar una mayor circulación del aire.
  7. El abastecimiento del agua a las becerras (desde el segundo día de edad), en temperaturas ambiente altas, es un requisito Número 1. Deberá estar fresca, limpia y disponible día y noche.
  • La alimentación del concentrado iniciador (desde el segundo día del nacimiento) deberá servirse por la tarde noche, en pequeñas cantidades para que no se eche a perder, y que el calentamiento no obstaculice el consumo.
  • No olvidar que por cada kilo de concentrado consumido por la becerra se necesitan 4 litros de agua. Por ende, si no hay agua suficiente, los consumos del concentrado iniciador serán muy modestos.
  • En caso de diarreas (pérdida de sodio, potasio y cloruro) los electrolitos son indispensables: debe suministrarlos con biberón para asegurar el consumo de éstos.
  • Administración de electrolitos para becerras.
  • Las salas de crianza bajo techo, cerradas con paredes o cortinas, y con becerreras (jaulas) elevadas del piso sobre canales de desagüe, deben tener un estricto manejo de la temperatura y la humedad (contar con ventiladores, extractores, etc.). Es común la problemática de trastornos respiratorios en las becerras, a resultas de la acumulación de gases (amonio, Co2, metano, etc,), de no observarse un debido manejo en estas salas de crianza.

La Recría: posdestete hasta el primer parto de las vaquillas

  1. Espacio físico y social de corral y en comederos, acorde a la edad de las becerras y vaquillas: no sobrepoblar los corrales (se da competencia rijosa entre animales, incremento del calor, etc.).
  2. Los metros cuadrados de espacio en corral van desde 14 a los 42, desde el destete al parto.
  3. Los metros cuadrados de sombra van desde 1.5 a 4 desde el destete al parto.
  4. La altura de la sombra varía de 2.5 a 4.5 m, localizada de norte a sur en su eje principal.
  5. El espacio de comedero es de 38 a 61 cm. desde el destete al parto.
  6. Los consumos de agua por animal van desde 19 a 57 L desde el destete al parto.
  7. Asegurar un buen consumo de agua siguiendo buenas prácticas de manejo que incluyen:
  8. Limpiar los bebederos al menos semanalmente.
  9. Hay que asegurar que los sistemas de agua proporcionen un volumen adecuado para cubrir las necesidades de los animales, especialmente durante temperaturas críticas de calor; Los bebederos están diseñados y localizados para facilitar que los animales beban fácilmente.
  • Que al menos se provean 0.61 m lineales de espacio accesible en el bebedero por cada 10 a 20 vaquillas.
  • Uso de ventiladores y aspersores de agua (al menos en las vaquillas pre y post inseminación).
  • Suministro de un 70 % de la ración alimenticia del día al atardecer, para que ésta se caliente menos, y el calor de la fermentación ruminal se de en las horas de menor temperatura, y en tal suerte el animal se afecte menos.
  • Alimentar raciones más bajas en fibra, más concentradas energéticamente; pero cuidando el riesgo de la acidosis.
  • Elevar los niveles de potasio, sodio y magnesio.
  • Uso de aditivos que disminuyan el calor: levaduras, niacina, a ácido nicotínico.
  • Programación del manejo de los animales bajo temperaturas del día más amigables (por la mañana muy temprano, antes de las 10 am).
  • No hacer manejo de los animales cuando se presente una “onda de calor”
  • Sopesar el empleo del “vigor híbrido” resultante del cruzamiento entre Holstein y Jersey, evidenciado en fertilidad, longevidad y mayor cantidad de kilos de proteína y grasa en la leche producida.
  • Seleccionar animales de pelo blanco (que absorben menos radiación solar), con piel oscura en derredor del ojo.
  • Calcular el resultado económico de no inseminar vaquillas en los meses de Estrés Calórico, comparando contra la producción de leche esperada y la fertilidad a obtener, en los meses de los futuros partos.
  • En resumidas cuentas, amigas y amigos, toda vez que el estrés calórico tiene efectos negativos en el comportamiento de las becerras y las vaquillas (mengua en el consumo de alimento, retraso del crecimiento, afectación del sistema inmunológico y del comportamiento reproductivo, etc.), éste deberá preocuparnos y ocuparnos. Por lo tanto, deberemos procurarles los medios que logren amortiguar o eliminar el multimencionado “Estrés Calórico”, de una manera rentable.

 

Literatura citada

  1. Bailey, T. et al. Sin fecha. Mechanics of heat abatement. Elanco Dairy Business.
  2. Bateman,ll. and M. Hill. 2012. How heat stress impacts the growth of calves. Progressive Dairyman. 26:55-57.
  3. Beede, D.K. and Collier, R.J. 1986. Potential nutritional strategies for intensively managed cattle during thermal stress. Journal of Animal Science. 62: 543-554.
  4. Calf-Tel. 2021. Water Your Calves. Dairy Herd management. April 22, 2021.
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Estrategias para mejorar la eficiencia alimenticia en los programas de alimentación de vaquillas de reemplazo lechero

Artículo traducido por el Ing. Joel Velasco

Asesor Técnico de GEMEX

Los objetivos de un programa de manejo de reemplazos lecheros, son criar vaquillas a un bajo costo económico y ambiental, sin comprometer el comportamiento futuro de la lactancia. Para cumplir con estos objetivos, las vaquillas inseminadas, comúnmente son alimentadas con dietas que contienen forrajes ricos en fibra y de bajo costo (MPS, 2003), que satisfacen los bajos requerimientos energéticos (NRC, 2001) de las vaquillas de reemplazo inseminadas. La alimentación de vaquillas criadas con forrajes bajos en energía y ricos en fibra, también ayuda a minimizar el sobrecondicionamiento durante el parto, lo que puede ser perjudicial para el desempeño de la lactancia (Hoffman et al., 1996). La eficiencia alimenticia, es un tema que se pasa por alto, asociado con la alimentación de vaquillas criadas con dietas que contienen predominantemente forrajes ricos en fibra.

La eficiencia alimenticia se puede describir como la cantidad de alimento necesaria para producir un kilo de ganancia. La eficiencia alimenticia puede incrementarse mediante una serie de factores prácticos y nutricionales, cuando se suministran dietas forrajeras altas en fibra. Este documento revisará los problemas asociados con el manejo de los comederos, y la eficiencia alimenticia asociada con la alimentación de vaquillas de reemplazo inseminadas.

Sobrecondicionamiento – Factor Miedo

El sobrecondicionamiento de las vaquillas es uno de los mayores temores de los productores de leche y de los criadores de vaquillas por contrato, porque los resultados negativos son muy agudos. No se intentará discutir varios aspectos del sobrecondicionamiento de las vaquillas, porque se comprenden bien los impactos negativos, tanto reales como percibidos. Si bien es necesario variar la energía dietética para mantener un crecimiento óptimo de las vaquillas, alimentarlas con un exceso de energía dietética es la causa principal del sobreacondicionamiento de las vaquillas, especialmente en entornos de bajo mantenimiento energético (por ejemplo, establos free-stall). Por ejemplo, una dieta típica para vaquillas que contiene 50 por ciento de ensilaje de maíz (72 % NDT= nutrimentos digestibles totales) y 50 por ciento de ensilaje de alfalfa (62 % NDT), tiene un contenido dietético de NDT del 67 por ciento, que es 5 unidades NDT por encima del requerimiento de una vaquilla criada en un entorno térmicamente neutro, como en un establo free stall. En esta situación, las vaquillas probablemente quedarán sobreacondicionadas. Otro problema subyacente y agravante del sobrecondicionamiento, es la variación de los días de alimentación. Las ineficiencias en lograr que las vaquillas alcancen el peso reproductivo (a una edad adecuada), y las ineficiencias en la reproducción, pueden crear días de variación en el alimento. En el ejemplo, algunas vaquillas pueden ser alimentadas con una dieta con un 5 por ciento en exceso de NDT durante 275 días, mientras que otras vaquillas serán alimentadas con una dieta, con un 5 por ciento de exceso de NDT, durante 375 días. Cuanto más alto sean los NDT de la dieta, por encima del requerimiento, y cuanto mayor sea la variación de los días de alimentación, más acentuado será el sobrecondicionamiento. Por lo tanto, el sobreacondicionamiento no sólo representa problemas potenciales después del parto, sino que también es indicativo de que la eficiencia alimenticia se está reduciendo porque: 1) la grasa se deposita con menos eficiencia que la proteína y; 2) las vaquillas con excesivos días de alimentación (mayores) son menos eficientes que las vaquillas más jóvenes.

La proteína de la dieta juega un papel menor en la condición corporal de las vaquillas, pero la sobrealimentación energética y la variación excesiva de los días de alimentación, siguen siendo los principales culpables. Cuando las vaquillas se vuelven sobrecondicionadas, se debe reducir la energía dietética incluyendo forrajes de bajo contenido energético, como paja, en la dieta, o limitando la cantidad de alimento ofrecido. Mantener un inventario de forrajes de baja calidad, probar todos los forrajes y formular dietas con el nivel de energía adecuado, es fundamental para controlar situaciones en las que los inventarios de alimento proporcionan energía excesiva.

En situaciones en las que se ha producido o se está produciendo un sobrecondicionamiento de las vaquillas, las respuestas del manejo suelen ser demasiado informales. A menudo se culpa a la alimentación excesiva con ensilaje de maíz y a la escasez de proteínas. Es posible que esta evaluación no aborde completamente el verdadero problema del manejo. Las preguntas que se deben plantear, cuando se produce un sobrecondicionamiento de una vaquilla son:

 

La discusión antes mencionada se ofrece sólo para resaltar, que las razones del sobrecondicionamiento de las vaquillas son complejas y, en última instancia, son una interacción entre la energía dietética, los días de alimentación, y las condiciones ambientales.

Alimentación limitada

Otra estrategia de alimentación para controlar el sobrecondicionamiento, y mejorar la eficiencia alimenticia, sería limitar la alimentación con una dieta más rica en nutrimentos; lo que proporciona una estrategia de manejo alternativa para reducir el costo del alimento y la excreción de nutrimentos, los cuales se están volviendo cada vez más preocupantes en la industria lechera. Lammers et al., 1999 utilizaron una estrategia de alimentación límite, para controlar las tasas de crecimiento de vaquillas Holstein antes del período reproductivo, y no observaron efectos negativos en el desempeño de la primera lactancia. Las estrategias de limitación de alimentación, también se han empleado con éxito con otras especies de ganado, como en las vacas para carne (Loerch, 1996), las ovejas (Susin et al. 1995) y las vaquillas para carne (Wertz et al. 2001). En los sistemas de manejo de vaquillas para reemplazo lechero, la alimentación limitada de las vaquillas inseminadas, puede generar el máximo beneficio de manejo, porque las vaquillas inseminadas tienen un alto consumo de alimento (NRC, 2001), y excretan más MS de estiércol (Wilkerson, et al., 1997), en comparación con las vaquillas pre-inseminadas. Recientemente exploramos un sistema simple de alimentación límite para vaquillas de reemplazo (Hoffman et al., 2006).

Las vaquillas Holstein fueron alimentadas con dietas (C-100, L-90 y L-80) que contenían 67.5, 70.0 y 73.9 por ciento de NDT, respectivamente; pero las vaquillas alimentadas con dietas de 70.0 y 73.9 por ciento de NDT, fueron alimentadas con un límite de 90 y 80 por ciento de su potencial de consumo (Tabla 1). El sistema de alimentación experimental dio como resultado, que las vaquillas fueran alimentadas con menos materia seca por día, pero la cantidad total de calorías consumidas por día fue igual (Tabla 2). No observamos diferencias en los puntajes de tamaño o condición corporal de las vaquillas después de un período de alimentación de 111 días (Tabla 3). Las vaquillas alimentadas con límite, tuvieron ganancias diarias promedio numéricamente más altas, en comparación con las vaquillas alimentadas control. Sin embargo, el régimen de alimentación límite, resultó en una mejora del 30 % en la eficiencia alimenticia (Tabla 3), y las vaquillas excretaron significativamente menos estiércol (Tabla 4). No observamos efectos a largo plazo de las vaquillas con alimentación límite, y el rendimiento de la lactancia fue similar entre las vaquillas control, y con alimentación límite (Figura 1). Una investigación reciente en la Universidad Estatal de Pensilvania, observó respuestas similares cuando las vaquillas recibieron alimentación limitada. Zanton y Heinrichs (2006) limitaron la alimentación de vaquillas Holstein de 136 Kg (300 lb), durante 35 semanas (8 meses), con una dieta que contenía 25 por ciento de forraje, en comparación con la alimentación con una mayor asignación de MS de una dieta que contenía 75 por ciento de forraje, y no observaron diferencias en la ganancia diaria promedio o el crecimiento esquelético de las vaquillas Holstein.

Existen algunas limitaciones para implementar una estrategia de alimentación limitada. Primero, las vaquillas vocalizan en menor medida durante aproximadamente una semana y la vocalización finaliza posteriormente

En segundo lugar, se requiere un espacio adecuado en el comedero para garantizar que todos los animales tengan pleno acceso al alimento, porque las vaquillas alimentadas al 80 por ciento de su potencial de consumo, consumirán todo el alimento disponible en una hora. La falta de espacio adecuado en los comederos, podría dar lugar a tasas de ganancia desiguales.

 

A pesar de las desventajas, los aspectos positivos de la alimentación limitada, como el aumento de la eficiencia alimenticia, la disminución de la producción de estiércol, y la capacidad de controlar el sobrecondicionamiento sin efectos a largo plazo, hacen de la alimentación limitada una alternativa de manejo atractiva, pero se requieren más datos.

Clasificación de alimentación para vaquillas

Al alimentar con forrajes ricos en fibra o ensilaje de maíz, se debe recordar que las vaquillas, clasificarán el alimento de manera muy similar a las vacas lecheras lactantes. En un estudio reciente (Hoffman et al., 2006), alimentamos a vaquillas con cinco métodos físicos diferentes de alimentación, con heno para explorar posibles diferencias en el consumo de nutrimentos, y el comportamiento de clasificación del alimento. Las dietas se alimentaron a ochenta vaquillas Holstein e incluyeron (1) incorporación de heno largo (LH) en un mezclador de ración integral (TMR) (TMR-LH); (2) incorporación de heno cortado en fardos (BC) en un mezclador TMR (TMR-BC); (3) incorporación de heno picado (CH) en un mezclador TMR (TMR-CH); (4) heno largo (TD-LH) sin incorporación de TMR, y (5) heno BC (TD-BC) sin incorporación de TMR. El aderezo de heno LH o BC a las vaquillas resultó en una supresión (0.5 kg/d) del consumo de MS, en comparación con las vaquillas alimentadas con dietas TMR en las que se incorporaron henos en la TMR. 

Las vaquillas rechazaron en gran medida las partículas largas (>12,5 mm) en todas las dietas.

En particular, las vaquillas rechazaron entre el 70 y el 80 por ciento de las mazorcas de maíz alimentadas. Debido a que las partículas largas de forraje y/o las mazorcas de maíz generalmente contienen más FND (fibra neutro detergente) o menos energía que las partículas pequeñas de alimento, como el grano, los datos sugieren que las vaquillas pueden consumir dietas con mayor contenido energético que las formuladas. Del mismo modo, los datos sugieren que el manejo de las dietas de las vaquillas en el comedero, es fundamental para garantizar que las vaquillas consuman alimentos ricos en fibra y bajos en energía, según lo previsto.

Manejo del comedero

La alimentación de vaquillas es costosa y se debe tener mucho cuidado de no desperdiciar alimento. Los comederos deben diseñarse y manejarse para controlar el desperdicio de alimento. Ajustar adecuadamente los rieles del cuello, la altura de la garganta o instalar barras inclinadas en el pasillo de alimentación, a menudo puede reducir drásticamente el desperdicio de alimento. No se deben utilizar estantes para heno, tolvas portátiles u otros comederos improvisados, ya que se pierde demasiado alimento en el suelo.

Además, los datos de una investigación de la Universidad Estatal de Dakota del Sur, sugieren que las vaquillas (o novillos) no deben ser sobrealimentadas. Monitorear y controlar con precisión el consumo de alimento, y alimentar a las vaquillas con el consumo exacto, reducirá el desperdicio de alimento y aumentará la eficiencia alimenticia. La combinación de un diseño de comedero adecuado, y la alimentación de las vaquillas con consumos exactos, puede dar como resultado una mejora del 10 por ciento en la eficiencia alimenticia. Para alimentar a las vaquillas con ingestas exactas, se debe utilizar un sistema de manejo de puntuación del comedero.

 

Un sistema de puntuación simplificado es:

0) no queda alimento,

1) quedan unas pocas partículas pequeñas de alimento dispersas,

2) quedan muchas partículas de alimento pero el concreto, aún es visible

3) quedan grandes cantidades de alimento, sin concreto visible.

El objetivo de un sistema de alimentación de manejo controlado del comedero, es alimentar a un puntaje de comedero de 1 cada día. Si los comederos están vacíos (Puntuación 0) o queda exceso de alimento (Puntuaciones 2 y 3), entonces el consumo de alimento se mueve hacia arriba o hacia abajo en incrementos muy pequeños (2%) para facilitar la alimentación de las vaquillas hasta un puntaje de comedero de 1

Considere los ionóforos

Los estudios han demostrado que los ionóforos mejoran la eficiencia alimenticia o la ganancia diaria promedio cuando se administran a vaquillas lecheras. Cuando se alimentan, los criadores de vaquillas, pueden esperar aumentos promedio diarios en la ganancia de 0.15 libras por novilla por día o aumentos en la eficiencia alimenticia del 5 al 10 por ciento.

Es importante entender que mejorar la eficiencia alimenticia es la razón principal para alimentar a las vaquillas con un ionóforo, porque aumentar la ganancia diaria promedio puede o no ser una mejora en el manejo de las vaquillas. Además de la eficiencia alimentaria, los ionóforos ayudan a controlar la coccidiosis. La bambermicina también está aprobada como promotor del crecimiento de vaquillas de reemplazo lecheras. La bambermicina tiene propiedades similares a las de los ionóforos, pero no es un ionóforo verdadero y no controla la coccidiosis. La bambermicina se administra en dosis de 10 a 20 miligramos por novilla por día. Si se alimenta con ionóforos, se debe tener mucho cuidado en el manejo del comedero y en la formulación de la dieta para asegurar que las vaquillas consuman la cantidad exacta de calorías para evitar el sobrecondicionamiento.

Conclusiones

La eficiencia alimenticia de las vaquillas de reemplazo lecheras, se puede mejorar y debe ser un punto de discusión principal entre los criadores de vaquillas y sus asesores en nutrición. Alimentar a las vaquillas en instalaciones con comederos diseñados adecuadamente, para minimizar la pérdida de alimento, emplear un sistema de manejo de comederos, alimentar a las vaquillas con niveles exactos de consumo (o un poco menos), y considerar ionóforos en el sistema de alimentación, son herramientas potenciales para mejorar la eficiencia alimenticia.