Ing. Joel H. Velasco Molina
Profesor Emérito del Tec de Monterrey – Asesor Técnico de GEMEX
Una dieta con mayor contenido de almidón redujo las emisiones de metano, pero las vacas individuales mantuvieron sus niveles de emisión (altos o bajos), lo que sugiere que la biología podría desempeñar un papel más importante de lo que se creía.
Por Andrea Bedford
Una dieta con mayor contenido de almidón redujo las emisiones de metano entérico en vacas lecheras en lactancia en un 14 %, pero no modificó cuáles animales producían consistentemente más metano, según una investigación preliminar presentada durante un reciente seminario web Badger Dairy Insight de la Universidad de Wisconsin-Madison.
En un estudio cruzado con 64 vacas Holstein, los investigadores observaron que los animales mantuvieron, en gran medida, su clasificación como emisores altos o bajos de metano, tras cambiar entre dietas con un 20 % o un 30 % de almidón. Dado que cada vaca recibió ambas dietas durante el ensayo, los investigadores pudieron evaluar si los cambios en la nutrición alteraron la producción de metano de cada animal. Los hallazgos sugieren que las estrategias nutricionales pueden reducir las emisiones de metano entérico en un hato, pero la biología individual de cada animal puede influir en la cantidad de metano que produce una vaca.
«Las vacas con mayores emisiones tienden a mantener niveles altos independientemente de la dieta, mientras que las de menores emisiones tienden a mantener niveles bajos», afirma Daniel Vieira, estudiante de doctorado del Departamento de Ciencia Animal y Láctea de la Universidad de Wisconsin-Madison.
La consistencia en la clasificación de emisiones de metano entre ambas dietas, fue uno de los hallazgos más notables del estudio. Si la dieta fuera el principal factor determinante de la producción de metano, los investigadores esperarían que las vacas subieran o bajaran en la clasificación tras el cambio de ración. Sin embargo, los animales que se encontraban entre los mayores productores de metano con una dieta, generalmente se mantuvieron entre los mayores productores con la otra; mientras que las vacas con menores emisiones continuaron produciendo comparativamente menos metano.
Se observaron fuertes correlaciones entre la producción, el rendimiento y la intensidad del metano entre los periodos de alimentación, lo que sugiere que las características individuales de los animales, incluyendo la genética o el microbioma ruminal, pueden desempeñar un papel significativo en la producción de metano, más allá de la dieta por sí sola.
Estas observaciones coinciden con un cambio más amplio en la investigación sobre el metano descrito por el Dr. Hilario Mantovani, profesor asociado de ciencia animal y lechera en la Universidad de Wisconsin-Madison.
Mantovani explicó que las arqueas metanogénicas suelen representar menos del 5 % de la comunidad microbiana del rumen, pero desempeñan un papel esencial en su funcionamiento, al eliminar el hidrógeno generado durante la fermentación. Sin una vía para utilizar ese hidrógeno, la fermentación se vuelve menos eficiente. Si bien la inhibición directa de los metanógenos se ha vuelto cada vez más factible mediante aditivos alimentarios, como el 3-NOP y otros compuestos, los investigadores ahora se centran en qué sucede con ese hidrógeno una vez que se reduce la producción de metano.
«El reto consiste en redirigir este hidrógeno hacia otros productos finales que el animal pueda utilizar», afirma Mantovani.
Redirigir el hidrógeno hacia productos como el propionato o la proteína microbiana, podría mejorar la eficiencia alimenticia y, al mismo tiempo, reducir las pérdidas de metano. Mantovani señaló que este objetivo cobra cada vez más importancia, a medida que los investigadores evalúan nuevos inhibidores de metano y combinaciones de aditivos alimentarios.
«Reducir el metano no es el problema principal. Redirigir el hidrógeno es la clave para una mitigación eficaz», concluye. Si bien las estrategias nutricionales, como el aumento del almidón en la dieta, siguen demostrando reducciones significativas en las emisiones de metano, los hallazgos de Wisconsin sugieren que podrían ser solo una parte de la solución. Los futuros esfuerzos de mitigación podrían combinar la dieta, aditivos alimentarios específicos y, eventualmente, la selección de ganado con bajas emisiones naturales de metano, ofreciendo así diversas herramientas para mejorar tanto la eficiencia como el desempeño ambiental.