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Ayudando a las vacas a encontrar más tiempo para rumiar

Ing. Joel H. Velasco Molina

Profesor Emérito del Tec de Monterrey – Asesor Técnico de GEMEX

Por Andrea Bedford

5 de agosto de 2026, 10:17 a. m.

Cuando pensamos en el tamaño de partícula del forraje, la conversación suele centrarse en la fibra efectiva, el llenado ruminal y los componentes de la leche. El Dr. Rick Grant, presidente del Miner Institute, considera que el sector podría estar planteando la pregunta equivocada.

En lugar de centrarse únicamente en si una ración estimula la masticación suficiente, Grant sostiene que deberíamos considerar cómo el procesamiento del forraje condiciona la forma en que las vacas pasan el día. Cada minuto adicional dedicado a comer es tiempo que no se dedica al descanso ni a la rumia, dos comportamientos cada vez más reconocidos como fundamentales para la salud ruminal, el bienestar y la productividad.

Durante su intervención en el ciclo de conferencias *Real Science* de Balchem, Grant presentó lo que denomina «manejo de precisión de la masticación», describiéndola como «satisfacer con precisión sus necesidades en cuanto a los tres comportamientos principales: comer, descansar y rumiar».

Este concepto desplaza el foco de atención: ya no se trata solo del tamaño de partícula del forraje, sino de la distribución del tiempo diario de la vaca. Si la alimentación se vuelve más eficiente, las vacas disponen de más tiempo para descansar y rumiar. Si comer consume demasiado tiempo, esas horas deben restarse de otras actividades.

Un rumen sano empieza por la posición de descanso

La rumia se reconoce desde hace tiempo como un indicador de la función ruminal, pero la postura puede ser tan importante como la duración.

Según Grant, «en un mundo ideal para la vaca, más del 80 % de la rumia debería producirse mientras está acostada».

Esta recomendación va más allá de la comodidad del animal. Al permanecer en decúbito esternal (acostadas sobre el esternón), las vacas producen más saliva durante la rumia, lo que ayuda a amortiguar el pH del contenido ruminal y permite, al mismo tiempo, el descanso fisiológico asociado a este comportamiento.

La rumia en posición acostada también se ha relacionado con una mejor salud ruminal y una mayor producción. Se ha observado que las vacas que pasan más tiempo rumiando acostadas mantienen un pH ruminal más elevado, consumen más materia seca y producen leche con mayores porcentajes de grasa y proteína. En estudios no publicados del Miner Institute, la rumia en posición acostada muestra la correlación conductual más fuerte con el contenido de grasa en la leche.

Las implicaciones van mucho más allá de la nutrición. La cojera, el hacinamiento, la falta de confort en los alojamientos y el estrés térmico, reducen las oportunidades de las vacas para acostarse, lo que potencialmente influye en uno de los comportamientos más estrechamente relacionados con la función ruminal.

Cuando el forraje tosco resta tiempo de descanso

 

Si el objetivo es lograr una rumia adecuada mientras la vaca está echada, la siguiente pregunta es si la formulación de la ración facilita o dificulta que las vacas alcancen esa meta.

Según Grant, a medida que aumenta la fibra físicamente efectiva, las vacas pasan mucho más tiempo comiendo. En investigaciones recientes, un aumento de aproximadamente 107 minutos diarios en el tiempo de ingestión, solo resultó en un incremento de unos 35 minutos en la rumia. El tiempo total de masticación aumentó más de dos horas, pero casi todo ese tiempo adicional se produjo a costa del descanso.

¿Por qué?

Como explica Grant: «La vaca pasa tiempo en el comedero reduciendo el tamaño de partícula de la ración antes de tragarla».

En otras palabras, un forraje excesivamente grueso, obliga a las vacas a realizar un trabajo que podría haberse hecho mecánicamente, antes de que el alimento llegara al comedero.

Un mayor tiempo de ingestión no se traduce necesariamente en una rumia más saludable. Por el contrario, una alimentación prolongada puede simplemente dejar menos horas disponibles para el descanso y la rumia en posición de decúbito (echada).

Grant sugiere que el comportamiento alimenticio es más eficiente, cuando las vacas consumen su ración diaria en un lapso de tres a cinco horas, aproximadamente. Más allá de ese punto, el tiempo adicional de ingestión empieza a competir con comportamientos que favorecen la salud ruminal y el bienestar general.

Recomendaciones de tratamiento del NWS

El tratamiento comienza con la eliminación de tantas larvas como sea posible de la herida. Sin embargo, las larvas extraídas no deben simplemente desecharse en el suelo; por el contrario, deben destruirse utilizando un producto insecticida aprobado para evitar su desarrollo posterior.

Una vez retiradas las larvas, el manejo de la herida debe proseguir según la gravedad de la lesión. Dependiendo del caso, el tratamiento puede incluir terapias tópicas, antibióticos sistémicos, medicamentos antiinflamatorios y medidas para controlar el dolor.

Es importante saber que una sola evaluación no es suficiente. Pueden quedar larvas ocultas en la profundidad de la herida y emerger tras el tratamiento inicial. Por ello, las heridas afectadas deben inspeccionarse a diario hasta que la cicatrización esté bien avanzada y no se observen más larvas.

La vigilancia no debe limitarse al animal afectado. Los productores deben examinar cuidadosamente al resto del rebaño en busca de otras heridas o infestaciones sospechosas. La identificación temprana de nuevos casos puede mejorar la respuesta y ayudar a limitar la propagación del parásito.

Las infestaciones por el gusano barrenador del Nuevo Mundo (NWS, por sus siglas en inglés) indican la presencia de moscas en la zona, más que una transmisión directa entre animales. Cualquier herida —incluyendo ombligos, zonas de castración, heridas de descornado, marcas y otras lesiones— puede resultar atractiva para la puesta de huevos y debe vigilarse atentamente.

El rumen comienza en el comedero

Una de las conclusiones más prácticas de Grant, es que las vacas generan naturalmente el tamaño de partícula que necesitan.

Las vacas reducen considerablemente el tamaño de las partículas de forraje durante la ingestión, produciendo partículas que, al ser tragadas, tienen un tamaño promedio de entre 8 y 12 milímetros, independientemente de la fuente de forraje.

«En realidad, al picar el forraje, intentamos imitar a la vaca», afirma Grant.

Esa filosofía respalda un enfoque más dinámico para el procesamiento del forraje. En lugar de depender de una longitud de corte teórica fija, Grant recomienda ajustar el tamaño del picado según la madurez del forraje, su contenido de humedad y las características de la fibra indigestible. A medida que aumenta el uNDF240 (la cantidad de fibra detergente neutra que permanece sin digerir tras 240 horas en el rumen de la vaca) debido a la madurez del forraje o a las condiciones de cultivo, un picado algo más fino puede mantener la eficiencia alimenticia sin perjudicar la rumia. Sin embargo, un picado excesivamente fino, puede acelerar la tasa de paso y reducir la rumia.

La alimentación de precisión se convierte en medicina preventiva

El manejo preciso de la masticación va, en última instancia, más allá de la nutrición.

Grant subraya que el tamaño de partícula del forraje, es solo un componente del sistema. Ni siquiera una ración bien balanceada, puede lograr el efecto deseado, si el hacinamiento, el acceso deficiente al comedero, los alojamientos incómodos o el estrés térmico, impiden que las vacas manifiesten sus comportamientos naturales de alimentación y descanso.

En resumen, los productores deberían «optimizar el tamaño de partícula del forraje desde la perspectiva de la vaca, ya que esa es la única perspectiva que importa».

Esa perspectiva también apunta hacia el futuro. Grant visualiza un manejo del forraje cada vez más dinámico, en la que la longitud de picado se ajuste según la madurez del forraje, el contenido de humedad y la fibra indigestible. Incluso sugiere que, algún día, la maquinaria de cosecha, podría ajustar automáticamente, la longitud teórica de corte a medida que cambien las características del cultivo.

El mensaje fundamental es que el comportamiento de masticación, podría merecer una mayor atención como indicador de la salud animal. Optimizar el tamaño de partícula del forraje, no se trata simplemente de procesar el alimento; se trata de ayudar a las vacas a dedicar menos tiempo a comer y más tiempo a estar acostadas, creando así las condiciones necesarias para favorecer un rumen más saludable.