Ing. Joel H. Velasco Molina
Profesor Emérito del Tec de Monterrey – Asesor Técnico de GEMEX
La evaluación automatizada de la condición corporal puede transformar las mediciones rutinarias en un flujo de trabajo de salud del rebaño más específico y eficiente.
Por Andrea Bedford
8 de octubre de 2026, 11:45 a. m.
Nadie puede vigilar a cada vaca todos los días. A medida que los rebaños lecheros crecen y la mano de obra sigue siendo limitada, se genera una brecha práctica entre lo que sucede en el rebaño y lo que el equipo de la granja tiene tiempo de observar.
El monitoreo automatizado puede ayudar a cerrar esa brecha generando observaciones constantes de cada vaca y señalando cambios que podrían requerir una revisión más detallada. Esta tecnología no sustituye la observación visual, el examen físico directo ni el criterio veterinario; su función es ayudar a los equipos de la granja a decidir dónde concentrar esos recursos.
«El problema que intentamos resolver es que nadie puede vigilar a cada vaca todos los días», afirma Nicole Mozeliak, directora ejecutiva de Herd-i US.
Para Mozeliak, quien llegó al sector lechero proveniente del ámbito de las operaciones, el desafío es fundamentalmente de capacidad. La locomoción y la condición corporal son indicadores útiles de la salud del rebaño, señala, pero las granjas no siempre disponen de personal para monitorear a cada vaca de manera constante.
Los sistemas de cámaras automatizados pueden observar a las vacas a diario mientras se desplazan por la sala de ordeño. En el sistema Herd-i, una cámara instalada en la sala captura imágenes de las vacas al finalizar el ordeño, mientras que el sistema de identificación existente vincula dichas observaciones con cada animal. El sistema proporciona mediciones automatizadas de locomoción y condición corporal, junto con video e información histórica, permitiendo así identificar aquellas vacas cuyas mediciones se sitúan fuera de los parámetros establecidos por la granja.
En lugar de pedir a los empleados que revisen a cada vaca y cada medición, el monitoreo automatizado puede generar una lista de seguimiento con los animales que requieren una inspección más detallada. Esto resulta especialmente útil para detectar cambios sutiles: una vaca con una cojera evidente probablemente llamará la atención, mientras que una vaca que presenta un cambio menos perceptible en su locomoción podría pasar desapercibida.
«La precisión que ofrece radica en decir: ‘aquí tienes una lista más reducida de puntos que debes revisar'», explica Mozeliak. «Nada sustituye el contacto directo con la vaca, pero esto ofrece una referencia sobre dónde mirar».
El objetivo es agilizar las revisiones del rebaño y lograr que las observaciones sean más específicas.
Una vez que una vaca aparece en una lista de seguimiento, el equipo de la granja aún debe determinar qué significa el hallazgo.
Mozeliak describe un flujo de trabajo que comienza con la revisión del historial de la vaca y el video asociado. El equipo puede entonces determinar si el hallazgo requiere atención inmediata o si debe abordarse durante la próxima visita del veterinario, el nutricionista o el especialista en recorte de pezuñas.
Un cambio en la locomoción, por ejemplo, puede motivar una evaluación más detallada de las pezuñas. Un cambio en la condición corporal puede dar lugar a una discusión sobre la nutrición u otros factores que afectan a la vaca. La respuesta adecuada depende de lo que el equipo encuentre al evaluar al animal.
«Se trata más de proporcionar los datos que de indicarles cuáles medidas deben tomar», afirma Mozeliak. «Ellos ya saben cuáles acciones deben realizar».
Esto crea un punto de partida más específico para las labores de salud del rebaño. Un veterinario que llega para una visita al rebaño puede contar ya con una lista de vacas que requieren examen, lo que permite dedicar más tiempo a determinar qué está sucediendo con esos animales.
La forma en que se utiliza la monitorización automatizada también depende del sistema de producción existente.
Mozeliak señala que la experiencia de Herd-i en Nueva Zelanda sirvió de punto de partida, pero el mercado lechero de EE. UU. presenta condiciones operativas diferentes. Las granjas de Nueva Zelanda suelen utilizar sistemas basados en pastoreo y horarios de ordeño distintos, mientras que las explotaciones lecheras de EE. UU. pueden tener rebaños más grandes, sistemas de estabulación libre y frecuencias de ordeño mayores.
Esas diferencias pueden influir en cómo se integra la información en el flujo de trabajo diario de la granja. Con menos tiempo de inactividad entre ordeños, identificar rápidamente cuáles vacas necesitan atención puede resultar especialmente importante. Un panel de control o una lista de seguimiento que pueda revisarse como parte de la rutina existente puede ser más útil que añadir un proceso adicional para los empleados.
Por tanto, para Mozeliak, adaptar la tecnología al mercado estadounidense no consiste simplemente en trasladar el mismo sistema a otro país, sino en integrar la información en la forma en que ya opera cada explotación lechera.
Una ventaja potencial del monitoreo automatizado es la capacidad de considerar múltiples observaciones de una misma vaca.
La condición corporal y la locomoción aportan información diferente; Mozeliak señala que analizarlas en conjunto puede conducir a una conclusión distinta a la que se obtendría observando cada medición por separado. No obstante, advierte que no se debe sobreestimar la relación entre ambas. La empresa aún no ha determinado con qué frecuencia se producen ambos cambios simultáneamente; uno podría influir en el otro, o bien ambos podrían ser reflejo de un problema subyacente distinto.
Para el equipo de la granja, el valor reside en disponer de más información para investigar.
Una vaca que presenta cambios tanto en la locomoción como en la condición corporal puede aportar al equipo más contexto que una vaca que muestra cambios en una sola de estas mediciones. Esto brinda al equipo un motivo adicional para examinar al animal y determinar qué está sucediendo.
El monitoreo continuo puede generar sus propios inconvenientes si cada medición se convierte en un dato más que los empleados deben revisar.
«A veces menos es más, especialmente cuando se trata de datos», afirma Mozeliak.
Los informes de excepciones constituyen una forma de hacer más manejable el monitoreo continuo. Las granjas pueden establecer umbrales para las mediciones que desean supervisar y determinar cuánto tiempo debe permanecer una vaca fuera de dichos parámetros antes de aparecer en una lista de seguimiento. Esto permite reducir un gran volumen de observaciones a un grupo más reducido que requiere atención.
Estos umbrales también facilitan la participación de distintos miembros del equipo de salud del rebaño en una misma conversación. Productores, veterinarios, nutricionistas y especialistas en recorte de pezuñas, pueden analizar la misma información y determinar cuáles vacas requieren atención inmediata y cuáles pueden esperar a una visita programada.
En este sentido, la tecnología deja de centrarse en generar más datos para enfocarse en proporcionar información útil a la persona que puede actuar en consecuencia.
A medida que la inteligencia artificial se vuelve más común en la tecnología lechera, Mozeliak percibe una división de responsabilidades similar.
La IA puede ayudar a recopilar y analizar información, pero los productores, veterinarios y demás miembros del equipo de salud del rebaño deben interpretar lo que ven y decidir qué medidas tomar. Esta distinción cobra especial importancia al considerar la tecnología predictiva.
«Disponer de información anticipada es de gran valor para el ganadero. Sin embargo, las predicciones pueden resultar arriesgadas», afirma Mozeliak.
Una predicción no equivale a una observación directa. Actuar ante un problema que aún no se ha manifestado podría generar trabajo o intervenciones innecesarias. Mozeliak considera que el valor inmediato reside en detectar los cambios con la antelación suficiente para que el equipo de la granja pueda investigarlos.
«La tecnología ayuda a identificar dónde se requiere atención, mientras que el personal encargado del rebaño determina el significado de dicha información», afirma Mozeliak.
Los informes de excepciones constituyen una forma de hacer más manejable el monitoreo continuo. Las granjas pueden establecer umbrales para las mediciones que desean supervisar y determinar cuánto tiempo debe permanecer una vaca fuera de dichos parámetros antes de aparecer en una lista de seguimiento. Esto permite reducir un gran volumen de observaciones a un grupo más reducido que requiere atención.
Estos umbrales también facilitan la participación de distintos miembros del equipo de salud del rebaño en una misma conversación. Productores, veterinarios, nutricionistas y especialistas en recorte de pezuñas, pueden analizar la misma información y determinar cuáles vacas requieren atención inmediata y cuáles pueden esperar a una visita programada.
En este sentido, la tecnología deja de centrarse en generar más datos para enfocarse en proporcionar información útil a la persona que puede actuar en consecuencia.
La gran oportunidad que ofrece la monitorización automatizada tal vez no radique tanto en sustituir tareas individuales, sino en dotar a los equipos de la granja de mayor capacidad operativa. Los equipos de las explotaciones lecheras ya toman decisiones frecuentes bajo limitaciones de tiempo y mano de obra. No siempre resulta realista exigir a estas mismas personas que observen a cada vaca, analicen todas las mediciones y determinen cuáles cambios son realmente significativos.
«Sinceramente, creo que se trata de aligerar una carga de trabajo que actualmente es excesiva», comenta Mozeliak.
La monitorización automatizada no puede sustituir al veterinario que entra en el corral, al podólogo que examina una pezuña ni al productor que conoce lo que es normal para una vaca en particular. Lo que sí puede hacer es ayudar a estos profesionales a decidir por dónde empezar. La evaluación automatizada de la condición corporal y la monitorización de la locomoción, permiten transformar la observación continua en un flujo de trabajo de salud del rebaño más específico, concentrando el tiempo humano y el criterio clínico allí donde más se necesitan.