Ing. Joel H. Velasco Molina
Profesor Emérito del Tec de Monterrey
Asesor Técnico de GEMEX
J.H. VELASCO MOLINA. FERIA GANADERA DE MONTEREY, NL. 1966.
Dicen los Doctores M.W. Overton y K.C. Dhuyvetter (2020) que históricamente, la mayoría de los productores lecheros en los Estados Unidos, criaban a todas las vaquillas nacidas para asegurar un suministro de reemplazos futuros. Sin embargo, que con los avances en la transición y el manejo reproductivo, junto con el uso generalizado de semen sexado en vaquillas y vacas lecheras, han llegado a un exceso de oferta de las vaquillas lecheras de reemplazo que, con el costo de producción y de venta de las vaquillas en los Estados Unidos, es recomendable saber cuántas vaquillas realmente se requiere producir.
correlacionan bien con la vitalidad y son útiles para su evaluación.
Una pregunta que se antoja interesante, es si en las empresas lecheras mexicanas de avanzada, se está dando este fenómeno. Me aventuro a aseverar que —en no pocas— puede estarse presentando esa misma situación planteada por los Doctores Overton y Dhuyvetter; es decir: que el porcentaje de crianza supere a veces > del 100 % (relación Hato lechero-Hato de reposición).
No cabe duda que los avances logrados en México en el manejo reproductivo de las vacas y vaquillas (mayor número de partos anuales), la inseminación con semen sexado en vaquillas y parte de las vacas del hato lechero, las mejores prácticas de crianza en el hato de reposición (en la becerras y las vaquillas), y la reducción en la tasa de desecho involuntario de las lecherías, dan fe de un número excedente de vaquillas, que rebasan las necesidades de éstas en el hato lechero, conforme al porcentaje de desecho anualizado consignado por la lechería y que, en un momento dado, pueden menoscabar la salud financiera de la empresa lechera.
Ahora bien, existen evidencias prácticas de cómo prevenirse de una problemática como la antes expuesta (de excedentes en vaquillas), lo cual obliga necesariamente a:
Pero ante una situación consumada de un sobrante de reemplazos lecheros en la lechería ¿Cuáles estrategias pueden seguirse?
Para mi modo de ver al menos existen dos, a saber:
Considero, por ende, que siendo ambas medidas de la mayor importancia económica para la lechería, merece que haga las reflexiones siguientes en torno a ello.
El desecho de las vacas lecheras —como es del conocimiento general— obedece a…
Vender becerras y/o vaquillas.
Tal decisión habrá de anteponer el hecho de que siempre habrá de venderse lo menos valioso para la empresa, y centrarse en las preguntas que seguidamente aparecen:
¿Cuáles becerras y/o vaquillas vender? Y
¿A qué edad vender los reemplazos lecheros?
¿Cuáles becerras y/o vaquillas vender?
Me asombra sobremanera darme cuenta de que haya quienes se deshacen de sus animales (cuando le sobran) sin un previo estudio de información que siempre deberá existir y tomarse en cuanta previo al descarte de un reemplazo lechero, toda vez que debería retenerse “una elite” de reemplazos como seguro de vida de su empresa lechera.
Pedigree: Promedio de PTAs de los padres o suma de I/2 de PTA del padre + ¼ del PTA del abuelo materno
2. Genómica
3. Comportamiento general
Estatus de crecimiento de las becerras y vaquillas
Estatus sanitario
Sin temor a equivocarme creo que no ando lejos de la verdad si digo que no hay una contestación directa a la pregunta anterior. Con mucho tendrá que ver sobre la decisión, circunstancias actuales, cuáles son las preferencias del mercado regional o nacional sobre la edad de los animales que les interesa comprar a los productores de leche, y de acuerdo a sus posibilidades económicas; mas también cuenta la decisión del productor de leche (que vende) por cuanto toca a cuándo vender; seguramente su criterio tomará base en la disponibilidad de sus recursos económicos para soportar los costos de la alimentación—que son los que más pesan en la producción de becerras y vaquillas—; si cuenta con la mano de obra especializada requerida; si tiene las instalaciones adecuadas, etc., y, por supuesto, si su negocio posee una excelente reputación ante los posibles compradores.
En resumidas cuentas, el productor ha de determinar, en un momento dado, si le es costeable vender sus becerras recién nacidas, al momento mismo del destete, a los 4 o 6 meses, como vaquillas próximas a inseminarse, o vaquillas preñadas, y muy próximas al primer parto. Empero, para cualesquier categorías será requisito indispensable que:
Obviamente que los animales que vayan sobreviviendo cargarán con el gravamen de la mortalidad y/o los desechos de la crianza.
Literatura consultada