Ing. Joel H. Velasco Molina
Profesor Emérito del Tec de Monterrey
Asesor Técnico de GEMEX
Las estrategias de diagnóstico ayudan a identificar las deficiencias nutricionales gestacionales relacionadas con mortinatos y becerros débiles.
Por Andrea Bedford
15 de enero de 2026, 14:29
En el boletín de agosto de 2010 de ABS México, fue publicado un artículo que escribí, que se intitula igual que el presente… y vuelvo a la carga, hora, por estar convencido de la importancia de la temática y que, me atrevo a decir que hasta donde yo sé, poca o ninguna atención se le ha prestado de ese tiempo a la fecha.
Mencionaba en tal artículo que me había nacido la inspiración para escribirlo, habida cuenta de haber sufrido dos pequeños accidentes en actividades dentro de dos distintas lecherías; y que pese a estar cierto de no tener ni un asomo de competencia en la materia de “Seguridad Laboral”, me aventuraba—y me aventuro— a hacerlo, en razón de creer que es un tema de insospechable trascendencia para las empresas en general, y para la lechera en particular.
Quiero referirme, pues, a “la Seguridad laboral”. Pero surge un problema de entrada: como la palabra seguridad se ha vuelto tristemente célebre, habida cuenta de la consabida inseguridad que vivimos en nuestra sociedad; se hace menester, por tanto, aclarar que la seguridad de la que nos ocupamos (y preocupamos) en este espacio, nada tiene que ver con “chicos malos” o algo por el estilo, sino más bien con la búsqueda de enfatizar los procesos de identificación de problemas potenciales de riesgo, para la seguridad y salud humanas.
Según la FAO la agricultura (que engloba la ganadería) es uno de los tres sectores laborales más peligrosos junto con la construcción y la minería.
Por su parte en la revista Hoard´s Dairyman, de mayo 10 del 2020, Auguste Brihny y colaboradores (Safety should be a team sport on dairies) ratifican lo asentado por la FAO.
Los becerros recién nacidos, ya sean de aptitud cárnica o lechera, llegan con una desventaja biológica: la leche por sí sola no puede satisfacer sus necesidades de oligoelementos y vitaminas.
«A menudo promocionamos la leche como el alimento perfecto de la naturaleza, y sin duda desempeña un papel muy importante en los macrominerales, la energía y las proteínas; pero algo bien conocido es que la leche no contiene cantidades significativas de la mayoría de los oligoelementos. En particular, el hierro, el cobre, el selenio, e incluso algunas vitaminas, no se encuentran en grandes cantidades en la leche», afirma Van Saun. Los oligoelementos y las vitaminas son esenciales para la función enzimática, el desarrollo inmunitario y la defensa antioxidante; sin embargo, la dieta neonatal aporta muy pocos de ellos. Por lo tanto, la capacidad del becerro para sobrevivir en su primera etapa de vida, depende en gran medida de lo acumulado antes del nacimiento, especialmente en el hígado fetal.
“Gracias a algunos de los estudios realizados, estamos empezando a reconocer que el estado mineral de ese becerro recién nacido, depende en gran medida de cómo alimentamos a la madre”, afirma Van Saun.
Además de la transferencia de nutrimentos gestacionales, el calostro es una forma importante de que los becerros comiencen con pie derecho, especialmente con vitaminas liposolubles, siempre que la madre haya recibido los suplementos adecuados.
Los minerales y las vitaminas llegan al feto a través de la placenta, pero no todos los nutrimentos se comportan de la misma manera. Los oligoelementos parecen moverse principalmente por difusión facilitada, en lugar de transporte activo. Van Saun explica que, como resultado, las concentraciones en sangre fetal suelen ser mucho más bajas que las concentraciones en sangre materna.
Una vez que esos nutrimentos entran en la circulación fetal, el hígado se convierte en el lugar clave de almacenamiento. Sin embargo, no se comprende bien el mecanismo completo por el cual estos nutrimentos se almacenan en el hígado.
“Si recuerdan la anatomía, la vena umbilical va directamente al hígado. Creo que el hígado fetal, de alguna manera, captura estos minerales y los almacena”, afirma Van Saun. El hígado fetal puede concentrar estos oligoelementos a un nivel casi el doble del que solemos observar en la madre. Necesitamos averiguar qué influye en esto.
Por el contrario, las vitaminas liposolubles atraviesan la placenta de forma ineficiente, sobre todo en las últimas etapas de la gestación, lo que deja a los becerros recién nacidos relativamente agotados al nacer y con una gran dependencia del calostro para establecer su protección antioxidante.
En el laboratorio de diagnóstico de Penn State, los análisis de minerales y vitaminas de hígados de becerros fetales y mortinatos, han revelado un número sorprendente de incidencias de deficiencia. A pesar de las expectativas de una relación lineal entre el estado mineral materno y el fetal, parece haber muy poca relación directa.
«Cuando grafico las concentraciones maternas frente a las fetales, generalmente veo un diagrama de dispersión de escopeta», explica Van Saun. «Eso me hace pensar que debe haber algún otro proceso regulador».
En los datos, varios nutrimentos aparecen repetidamente asociados con la pérdida fetal y la muerte fetal. Van Saun destaca lo siguiente:
Dado que el flujo sanguíneo umbilical se ve afectado durante el parto, especialmente en partos prolongados o difíciles, el feto experimenta hipoxia.
«Esto produce grandes cantidades de especies reactivas de oxígeno», explica Van Saun. «Y si el sistema antioxidante no las neutraliza, podrían causar la muerte del animal».
Los oligoelementos y las vitaminas liposolubles, desempeñan un papel fundamental en la defensa contra las especies reactivas de oxígeno. Cuando las reservas fetales son marginales, el estrés oxidativo durante el parto podría llevar a un feto comprometido, a superar el umbral de supervivencia. Esto podría explicar por qué algunos becerros mortinatos, no presentan una causa infecciosa, genética o mecánica evidente en la necropsia.
Una preocupación común es si la suplementación mineral agresiva podría dañar al feto. Sin embargo, incluso en madres con niveles de minerales hepáticos que se considerarían toxicosis, los niveles fetales se mantienen dentro de un rango estrecho.
«Cuando las concentraciones maternas de minerales hepáticos son muy bajas, la proporción feto-materna es bastante alta. En otras palabras, el feto es capaz de extraer más minerales de una madre deficiente», afirma Van Saun. «Pero a medida que el estado mineral de la madre aumenta a niveles muy altos, la proporción es bastante baja. Esto sugiere que existe algún mecanismo que impide que el feto acumule en exceso».
Van Saun observó esto con mayor profundidad con el cobre, pero también ha observado el mismo patrón con el zinc, el hierro, el selenio y el manganeso.
«De alguna manera, la Madre Naturaleza ha incorporado un mecanismo de protección en ambos extremos del espectro que garantiza que, incluso cuando la madre tiene niveles bajos, el feto pueda intentar acumular», explica. «Y si la madre tiene niveles altos, el feto no acumula en exceso».
Los becerros mortinatos representan una oportunidad infrautilizada para evaluar la nutrición del hato. El análisis de minerales y vitaminas del hígado de los becerros mortinatos, puede revelar deficiencias que no eran clínicamente evidentes en la madre.
«Realmente necesitamos enfatizar cómo sacar provecho de una situación negativa», dice Van Saun. «Creo que si se tienen varios mortinatos, sería recomendable tomar una muestra de hígado».
Las mediciones repetidas de niveles bajos de selenio, cobre o vitamina A en becerros mortinatos, especialmente en ausencia de otras patologías, pueden indicar que la nutrición gestacional es la causa principal.
Una investigación eficaz de los mortinatos y los becerros débiles debe comenzar con la evaluación de la dieta, pero una evaluación significativa de la nutrición gestacional, requiere una estrategia más amplia y deliberada. Se puede obtener una comprensión más clara, utilizando múltiples puntos de acceso de diagnóstico en todo el hato y a lo largo del tiempo. Van Saun destaca varias oportunidades prácticas de diagnóstico:
En conjunto, estos enfoques permiten pasar de la resolución reactiva de problemas al manejo proactivo de riesgos.
Los mortinatos y los becerros débiles suelen ser la expresión final de limitaciones biológicas establecidas meses antes, no fallos limitados al parto.