Artículo traducido por el Ing. Joel Velasco
Asesor Técnico de GEMEX
Por qué es hora de que las granjas reconsideren repensar el valor del esfuerzo personal
Este antiguo modelo de compensación —donde los miembros de la familia aceptan salarios por debajo del mercado a cambio de una herencia futura prometida— trae tantos problemas como soluciones, especialmente en lo que respecta a la planificación de la sucesión y la armonía familiar.
Por Tim Schafer
Actualizado el 4 de noviembre de 2025, 12:16 p. m.
Durante generaciones, no se habló del trabajo duro como moneda de cambio. Se daba por sentado. Trabajar más que nadie, ganar lo mismo (o menos) que los empleados contratados, y confiar en que algún día la granja —o una buena parte de ella— sería suya. El dinero escaseaba y, para muchos, funcionó a la perfección… hasta que dejó de hacerlo.
Lo cierto es que las lecherías de hoy en día, registran las horas y la contribución de los empleados y les pagan en consecuencia. ¿Por qué no hacer lo mismo con los miembros de la familia? El antiguo modelo de capitalización por trabajo —donde los miembros de la familia aceptan salarios por debajo del mercado, a cambio de una herencia futura prometida— trae tantos problemas como soluciones, especialmente en lo que respecta a la planificación de la sucesión y la armonía familiar.
Un arma de doble filo
En el contexto de la industria lechera, la capitalización por trabajo implica trabajar largas jornadas por un salario menor, con la esperanza de que el esfuerzo se traduzca en propiedad o una mayor participación en el negocio en algún momento. En teoría, parece beneficioso para el flujo de caja al reducir los gastos salariales. Puede haber ventajas fiscales para la granja y el trabajador, ya que la compensación está vinculada a activos en lugar de a ingresos regulares.
Sin embargo, la capitalización por trabajo es notoriamente difícil de definir y controlar. Pocas familias llevan un registro de las horas trabajadas, las responsabilidades asumidas o el valor de esas horas. Cuando llega el momento de liquidar la herencia, las emociones pueden estar a flor de piel y los malentendidos se multiplican. Los hermanos que no se dedican a la agricultura pueden sentirse engañados, mientras que quienes han trabajado arduamente pueden sentirse infravalorados. El resentimiento suele fluir con más facilidad que la leche de una vaca 85 días después del parto. Otro desafío es que la mayoría de los familiares que no se dedican a la agricultura, desconocen los acuerdos de compensación por trabajo realizado y su valor. La planificación patrimonial se convierte en un campo minado, donde los padres intentan asignar un valor a décadas de trabajo. Al final, lo que se suponía que garantizaría la equidad, puede dejar a todos con la sensación de haber sido perjudicados.
Es hora de modernizarse. Las explotaciones lecheras son negocios complejos, y es hora de actualizar los modelos de compensación. Pagar a los miembros de la familia salarios justos, basados en el mercado, ahora, y no en un futuro indeterminado, genera claridad y buena voluntad. Los acuerdos transparentes, el seguimiento preciso de las contribuciones y el enfoque en el mérito, ayudan a garantizar que la planificación de la sucesión se base menos en conjeturas y más en equidad.
La compensación por trabajo realizado tuvo su lugar, pero en el mundo actual, «trabaja ahora, cobra después» es una apuesta arriesgada. Arriesgada para la generación más joven e incluso más arriesgada para la armonía familiar. Cuando se pierde la armonía familiar, el legado familiar probablemente no tardará en correr la misma suerte.
Las lecherías modernas necesitan sistemas de compensación equitativos, transparentes y sostenibles, tanto para la empresa como para la familia. Ya los tienen para sus empleados. ¿Por qué no para aquellos a quienes aman, con quienes trabajan y a quienes confían su legado?